EL NO DE LOS COLOMBIANOS NOS OBLIGA A LOS VENEZOLANOS

Thaelman Urgelles

No lo hice público, pero me cuento entre quienes -desde afuera y luego de mucho leer, escuchar y pensar sobre el tema- creímos que los colombianos debían aprobar el acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC.

Hoy, ante el contundente rechazo de Colombia al proyecto de paz del presidente Santos, nos corresponde rendir el mayor respeto a los valientes ciudadanos de ese hermano país. Y digo contundente, porque las décimas de punto que sacó el NO sobre el SÍ pesan una tonelada moral y política en las condiciones en que se realizó el plebiscito.

Era evidente el ventajismo del gobierno y quienes lo apoyaban: desde la redacción de la pregunta, la presión propagandística sobre la población, incluidas amenazas infundadas de que la guerra retornaría si no se ganaba el Sí, la firma del acuerdo antes de la votación, la asistencia de importantes líderes mundiales a ese acto, etc.

En ese contexto, el Sí estaba obligado a vencer holgadamente, en cambio una mayoría del No por un solo voto adquiere una contundencia histórica e irrebatible que obliga a repensar todo el tema de la paz en Colombia, a renegociar el acuerdo y llevará incluso a peticiones de renuncia del presidente.

Los colombianos interpretaron que todo el proyecto de paz terminó siendo un proyecto personal de Santos y en esa medida se lo rechazaron. Ello no significa que los colombianos no desean la paz; la desean pero bajo condiciones que garanticen la gobernabilidad del país en el largo plazo. Y así lo expresaron con claridad, como corresponde hacer con determinación a un pueblo y a su dirección política.

Ahora bien, la histórica decisión de los colombianos contiene una fuerte porción de compromiso para nosotros los venezolanos. El NO de Colombia nos obliga a obtener el Referendo Revocatorio en 2016, sin posibilidad de negociación para 2017. Allá, el replanteo de todo el entramado de paz montado en La Habana por Santos y las FARC fue el resultado de un pueblo insatisfecho y a una dirección política decidida y valiente, capaces de hacer valer sus derechos y opiniones.

El poderoso mensaje de los colombianos no es sólo para su gobierno y la guerrilla, alcanza también a la comunidad internacional que sinceramente apoyó el acuerdo y a nosotros sus vecinos, que nos aprestamos a hacer valer nuestro derecho a decidir el cambio que anhela y necesita el país.

Y concretamente a nuestra dirección política, la MUD: aquí ya no caben nuevas postergaciones de la conducta inquebrantable que se requiere para torcer el brazo de la pandilla delictiva que con ardides pretende evadir la exigencia de cambio constitucional del 85% de los venezolanos.

La recolección del 20% en escala nacional debe convertirse en un acto que obligue a convocar el Referendo antes del 10 de enero de 2017. Sobre este punto no hay negociación posible. Cualquier retroceso o concesión sería imperdonable. Sería, ni más ni menos, un desconocimiento de la voluntad popular tan grave como el que pretenden el régimen y su CNE.

Algunos se preguntarán por qué escribo estas cosas que ya han sido proclamadas por la MUD en acto y documento público. Bueno, pienso que en los próximos días convendrá recordarlo con frecuencia y lealtad, como se insiste con un hijo que prometió estudiar más o con un amigo que se comprometió a abandonar la bebida.

@TUrgelles

Contribución al Debate sobre “Condiciones para el 20%”

Thaelman Urgelles

La Mesa de Unidad Democrática ha mantenido una conducta impecable desde la irregular información emitida por el CNE sobre las condiciones para continuar la convocaría del Referendo Revocatorio de Maduro. Sin precipitarse a dar una respuesta rápida y sin abandonar un tono firme y combativo, la MUD nos ha mantenido informados sobre el proceso que ha decidido adoptar para afrontar lo que es sin duda el mayor intento del régimen para dar por cancelada la iniciativa revocatoria.

La gravedad del desafío antepuesto por el régimen y las decisivas consecuencias que tendrá cualquier respuesta que se adopte han motivado que la MUD abra una amplia consulta ciudadana, para escuchar a todos antes de decidir un rumbo que nos afectará a todos. Con ello responde a las exigencias de respuesta inmediata de quienes viven sin pausa sus eternas urgencias y crudos maximalismos. Si el Revocatorio es de todos los venezolanos, como han dicho Capriles y Chúo, decidamos entre todos el curso a seguir ante la provocación del CNE pesuvista.

En ese marco, y con la advertencia de que acataré y defenderé lo que anuncie la MUD el próximo lunes, ofrezco mi modesta contribución a la anunciada recolección de puntos de vista. Me he formado un criterio luego de seguir los acontecimientos lo más cerca que he podido (aunque no estoy Venezuela, esta situación no me invalida ni me intimida en absoluto para ofrecer mis opiniones), luego de leer la nota de prensa del CNE, escuchar las ruedas de prensa de Chúo y su estupenda entrevista con César Miguel Rondón y el “Pregunta Capriles” de este jueves 22. No tengo acceso a la información privilegiada que poseen los miembros de la MUD, por lo que entrego a ellos mi confianza y la indiscutible posición dirigente de este proceso. Algo que deberíamos hacer todos.

En primer lugar, veamos las cuestiones que estimo de principio:

  1. La Unidad es un valor esencial en este momento decisivo y a ella debemos adscribirnos. Y mientras demuestre que ella actúa conjuntamente, es la MUD quien marca el eje nuclear de nuestra unidad.
  1. A los efectos de analizar la política a tomar, no voy a utilizar el argumento principista de que el 20% por estados viola la Constitución. Tal sería un buen fundamento para justificar el rechazo a las condiciones del CNE, pero no vale como variable objetiva al considerar nuestras opciones reales de alcanzar el 20%.
  1. En otras palabras, si aún con el ilegal 20% por estado consideramos altamente posible superar el escollo, sigamos adelante con eso. Porque ante una dictadura anti-constitucional no deben ser sus opositores quienes se autoimpongan límites constitucionales. Ya veneraremos la Constitución cuando seamos gobierno; por ahora tomemos lo que haya, como hicieron decenas de causas justas en todo el mundo.

Examinemos ahora las opciones de alcanzar el éxito en recolectar un 20% de voluntades en cada una de las 24 circunscripciones regionales del país.

  1. Si el CNE se atrevió a violar con descaro la Constitución para dificultarnos al máximo la recolección del 20%, no vacilará en arriesgarlo todo para impedir que en uno o dos estados fracasemos en alcanzar la cuota de voluntades y con ello echar por tierra un camino que ha costado tanto esfuerzo político y ciudadano.
  1. Bastará con ubicar un grupo de mesas de recolección en lugares difíciles de acceder, en estados distantes y poco visibles, interponer obstáculos y amenazas a quienes se atrevan a llegarse hasta allá y si aún esa voluntad sigue adelante realizar cortes de luz, fallas de máquina u otros servicios, para lograr que uno o dos estados incumplan el objetivo.
  1. Los ejemplos de Nueva Esparta y algún otro estado para el 1% se verán como niños de pecho ante las impensables trapisondas que los bellacos pondrán en marcha esta vez. Y se trata de cifras 20 veces mayores, en escenarios geográficos y humanos mucho menos controlables.
  1. En fin, albergo muy pocas dudas de que el régimen logrará su propósito de impedir que alcancemos el 20% de las voluntades en las 24 circunscripciones. Algunos pueden afirmar, como ya se está oyendo, que sí podemos lograrlo. Pero convendrán que su optimismo es también una posibilidad, que puede fallar.
  1. Si fallamos en la recolección del 20% en las 24 regiones, la frustración que nuestro pueblo sufrirá será suficiente para desmovilizar cualquier iniciativa ciudadana por un tiempo que no dudo en ubicar hasta en 2018, y cuidado si me quedo corto. Porque la gravísima crisis humanitaria y global que conocemos no es garantía de que ella conducirá inevitablemente a una salida del régimen.
  1. Si hoy la crisis representa una amenaza para la continuidad del régimen es porque existe una recia voluntad de cambio en la población, inspirada en la perspectiva del RR16. Si esa voluntad se quebrase por una frustración como la señalada, es muy probable que el resultado sea la resignación, el miedo, la desbandada migratoria… y hasta la obligación internacional de apuntalar al régimen, por razones humanitarias y ante la impotencia de la oposición de producir el cambio. Cuba y Norcorea son ejemplos de que la capacidad de aguante de los pueblos ante la miseria puede ser infinita, cuando no se tiene la perspectiva del cambio.
  1. Por las razones anteriores, concluyo en que bajo ningún respecto se debe aceptar la condición del 20% por cada circunscripción. Hay muy poco que ganar y mucho que perder en ese escenario. Si esto se decidiere, cobra importancia el uso del principio constitucional violado por el CNE.

Ahora supongamos que la MUD, con la información privilegiada que maneja, decide asumir el reto del 20% por circunscripción y logra alcanzarlo plenamente. Entraríamos entonces en el terreno de la letra pequeña deslizada por las rectoras en una discreta nota de prensa: en caso de que se logre reunir el 20% de voluntades, el Referendo Revocatorio se celebrará en el primer trimestre de 2017. En vista de que al RR 2017 le han salido, en la propia oposición, entusiastas promotores mucho antes de cancelarse las opciones del RR16, analicemos qué significa revocar a Maduro luego del 10 de enero de 2017. Algo que no hemos tenido tiempo ni disposición de examinar quienes nos hemos enfocado en alcanzarlo en este mismo año, con la consecuencias que todos conocemos.

  1. En primer lugar, cabe esperar que si se reuniere el 20% de voluntades las maniobras de Jorgito Rodríguez y su pandilla no cesarán, mejor dicho ya comenzaron, para invalidar también la posibilidad de que se realice el Referendo el próximo año. Hay un par de argumentos leguleyos que podrían servirles; no los mencionaré para no darles idea a los bellacos de Escarrá y Cía.
  1. Pero supongamos que esas pillerías les fracasan, o fuesen meras fintas para incitarnos a aceptar ese camino, y en efecto se convoca y realiza el RR17, revocamos a Maduro y lo sucede el Vicepresidente que él designe 24 horas antes, etc. Esa posibilidad abre numerosos escenarios, según la persona escogida en La Habana para ocupar esa posición. Cada una de ellas supondrá variantes en el curso posterior de la política, incluida la de que Maduro renuncie antes de celebrarse la votación referendaria para evitarse la humillación esperable. Pero hay entre todas ellas un denominador común que paso a analizar brevemente:
  1. Cualquiera que sea el modo en que Maduro entregue la presidencia -renuncia o revocatoria- y quienquiera sea su reemplazante, el régimen sufrirá un inevitable refrescamiento, un cambio de mando que les permitirá ofrecer a los venezolanos y al mundo un rostro “nuevo”, sin duda menos desgastado y desprestigiado que Maduro. Ese (a) sucesor (a) no tendría que ser Hannibal Lecter o el propio Belcebú, como suponen algunos simplistas, sino alguien más potable y de aspecto moderado y sensato, como por ejemplo el general Padrino López, quien pese a ese talante no es menos amanuense de Raúl Castro que Maduro.
  1. Los opositores tendríamos que lidiar con alguien menos vulnerable en su credibilidad y aceptación, tanto fuera como dentro del país. Y para la población mayoritaria y la comunidad internacional, en medio de la pavorosa crisis que habría en aquel momento, será inevitable abrirle al “nuevo presidente” un compás de espera, una lapso de espera para que aplique el programa de rehabilitación nacional que seguramente tendrá estructurado y ahora mismo está en plena redacción.
  1. Ese plan de recuperación de un país hundido en el hambre y la miseria, presentado por una cara nueva con un lenguaje menos enloquecido que el de Maduro, recibiría sin duda el beneplácito y el apoyo de un amplio espectro de la comunidad política, diplomática y sobre todo financiera del mundo. El aval y los recursos que hoy Maduro –la República y PDVSA- se encuentran imposibilitados de recibir por su nula credibilidad, los podría alcanzar ese “nuevo gobierno de ideas moderadas y racionales”. Y hasta a la Asamblea Nacional le resultaría cuesta arriba oponerse a aprobar tales planes, so pena de recibir el generalizado repudio de una población que se vería beneficiada de inmediato con ello.
  1. Para decirlo con mayor claridad: los recursos y el apoyo político y diplomático que de inmediato recibirían –por ejemplo- un presidente Capriles o Ramos Allup, fluirían también para quien suceda a Maduro en el chavismo. Sin duda en menor medida, pero suficientes para remediar la crisis terminal, darle oxígeno al chavismo hasta 2018 y quién sabe si más…
  1. Examinada de este modo, resulta claro que tampoco la opción del Referendo 2017 resulta atractiva para la oposición liderada por la MUD. En realidad es una trampa de enormes proporciones, en la cual no dudo que están conchabados algunos –no todos- de quienes hoy la presentan como un desenlace realista que debemos aceptar como mal menor.

El presente análisis me lleva a sugerir con todo respeto a la MUD que rechace las condiciones decididas por el CNE para recoger el 20% de las voluntades para el RR. Por supuesto que no propongo el desistimiento, figura jurídica que significa retirar la solicitud y renunciar a ella y es lo que buscan estos bribones a través de sus “amanuensas”, las rectoras. La MUD debe rechazar esas condiciones y mantener viva la solicitud, exigiendo condiciones sensatas, posibles y apegadas a la Constitución.

Esto nos lleva al terreno de cómo proceder, o como dicen muchos para descalificarla, al campo de “con qué se come la desobediencia ciudadana”. Lo cual comporta un análisis igual de extenso, que publicaremos mañana por respeto al tiempo de los lectores.

@TUrgelles

 23 de septiembre de 2016

“El Show de Truman” en Margarita

Thaelman Urgelles

¿Recuerdan ustedes “The Truman Show”, la estupenda película sobre un mega-programa televisivo transmitido 24 horas diarias durante la vida entera de un joven, desde que nació hasta una edad cercana a los 30 años? Jim Carrey representa a Truman, el joven que fue tomado desde su nacimiento por un canal de TV para protagonizar su propia “historia real”, seguida eternamente por miles de cámaras situadas en un fantástico “estudio”: una ciudad completa con urbanizaciones, autopistas, tiendas, rascacielos de oficinas y hasta una playa para el esparcimiento de Truman y sus vecinos. Estos son representados por miles de extras de las más diversas condiciones sociales, profesionales y étnicas, para mostrar a los espectadores el más cabal entorno vital que podía construir el ambicioso director y productor del programa.

Sin reparar en que su vida entera ha sido un montaje que día a día se repite sin mayores cambios, Truman transita la farsa hasta que algunos datos de la rutina comienzan a hacérsele extraños; comienza a hacerse preguntas y dos episodios cruciales producen un giro radical en su mente: el actor que antes había interpretado a su padre (ahora muerto) aparece ante sus ojos en un nuevo rol secundario; además, Truman se enamora de uno de los personajes femeninos y la actriz que lo encarna se encariña con él, más bien conmovida por su triste situación.

Truman rebobina su vida y pronto descubre que toda ella ha sido una mentira, que él no es sino el infeliz prisionero de un espectáculo cuyo alcance ni siquiera logra precisar. El descubrimiento desencadena una sostenida lucha del joven por recuperar su libertad, mediante el logro de una vida auténtica que él mismo no sabe muy bien cuál será. Una y otra vez Truman intenta escapar de la enorme bóveda que es el estudio edificado para “su vida”, mientras el productor del programa le interpone los más sofisticados obstáculos para impedirlo. Todo esto ante los ojos de millones de tele-espectadores, que siguen insomnes la peripecia y van tomando partido por el muchacho, incluida su actriz amada, quien ha sido expulsada del reparto para cortar en seco el primer vínculo real que tuvo Truman.

Finalmente Truman logra su cometido, navegando en el mar de utilería entre tormentas generadas por los efectos especiales de la producción, esta vez una metáfora casi literal de la epopeya que por años han protagonizado miles de cubanos en busca de su libertad. Al vencer el último obstáculo lo espera la libertad, bajo la forma de su amada, quien ha corrido desde su televisor a encontrarlo en la puertita que él logra abrir en el enorme muro que cercaba su vida (otra calcada metáfora, ese muro con su respectiva “puertita”, como lo describe Donald Trump).

Pues bien, la brillante metáfora que fue el “El Show de Truman” acaba de adquirir patente de realidad en el sainete montado por Nicolás Maduro para la Cumbre de los Países No Alineados. No podía ser otra que nuestra amada Margarita el escenario escogido por estos farsantes para efectuar su montaje: hasta no hace mucho la isla ofrecía las condiciones naturales de un pequeño paraíso terrenal, adonde nos íbamos en vacaciones a vivir la experiencia de un país sin problemas, y adonde se han mudado miles de compatriotas suponiendo que allí estarían a salvo de la minuciosa destrucción que el chavismo ejecutaba en el resto del país.

Para la dictadura, Margarita ofreció otra condición ideal para el montaje. Ella podía ser aislada de presencias inoportunas que le ensombrecieran el show planeado. Y no vacilaron en poner en práctica todas las prohibiciones y obstáculos necesarios para blindar una cuarentena total para la isla: prohibición de vuelos no autorizados, bloqueo de toda embarcación privada no autorizada, veto a los parlamentarios y otros políticos ajenos al PSUV para visitar la isla; y sobre todo una férrea vigilancia policial y militar sobre los pobladores margariteños, para evitar que una nueva Villa Rosa les afeara la coronación del pobre Nicolás Maduro como como “líder mundial”.

Pero les quedaba un asunto por resolver: no podían presentar ante los visitantes una isla vacía de pobladores, sus hermosas playas sin bañistas, sus centros comerciales sin compradores, sus restaurantes sin comensales y los anaqueles de los automercados vacíos, como se encontraban antes de la Cumbre y se mantienen en el resto de Venezuela. Así que se llevaron varios barcos llenos de comida, ropa y otros artículos para llenar las tiendas, y a miles de chavistas y otros enchufados para ponerlos en las playas y centros comerciales. Abundantes extras y utilería, pues, como en la producción cinematográfica, para escenificar por una semana una sociedad ficticia ante los ojos extranjeros.

No resulta, por cierto, una novedad, este montaje de realidades ficticias por parte de los despotismos totalitarios: son famosos los documentales de la alemana Leni Riefenstahl para magnificar el poderío nazi, o la habilitación por estos mismos de campos de concentración “humanitarios”, en los que las familias judías jugaban cartas y felices tomaban el té por las tardes ante las cámaras de los reporteros y “observadores” invitados.

Stalin y Mao fueron imaginativos y prolíficos en la construcción de paraísos imaginarios de campesinas rollizas con sus mejillas sonrosadas y niños de pañoleta roja en escuelas y centros recreativos de utopía. Y no pocos venezolanos fuimos testigos de los paseos guiados de Cuba Tour, donde los turistas eran eficazmente conducidos por un Pangloss tropical con uniforme de guía turístico y carnet de la Seguridad del Estado a buen resguardo. No olvido la conmovedora visita al Hospital Psiquiátrico, donde los visitantes lloraban de emoción ante la “humanitaria psiquiatría socialista” que les era presentada en aquella escenografía para cándidos, encubridora del más cruel objeto que a esa ciencia adjudican los revolucionarios socialistas: diagnosticar enfermedades mentales a disidentes, homosexuales y otras “escorias sociales”.

Como lo hizo Truman, los valerosos margariteños y el pueblo todo de Venezuela encontraremos los medios para superar los perversos bloqueos que la pandilla gobernante, con la tutoría de sus maestros cubanos y españoles podemitas, trazan alrededor de nuestros anhelos de libertad, transparencia, nivel de vida y progreso material.

@TUrgelles

CUIDEMOS A NUESTRA ASAMBLEA NACIONAL

Thaelman Urgelles

Las pedradas que insiste en lanzar el TSJ contra la Asamblea Nacional tienen el propósito de trasladar la contienda a un escenario palaciego y leguleyo, distinto del que ahora ocupa, que es el de la exigencia nacional del Referendo Revocatorio.

Hay, por esto, que ser prudentes en las respuestas que la AN dé a esas provocaciones, por más justo y reconfortante que nos parezca un firme respuesta.

Vivimos un momento muy delicado, en pleno desenlace de esta larga contienda contra una pandilla particularmente perversa y aferrada al poder. Debemos, pues, mantener la cabeza fría y el juicio sereno.

El foco es el Revocatorio y su exigencia en las calles del país. La AN debe evitar en lo posible una ruptura definitiva del frágil hilo que la conserva atada a la institucionalidad legal. Pasar un poco agachada ante las provocaciones. Y seguir ejerciendo su misión constitucional, sin distracciones, en especial el proceso para nombrar a los nuevos rectores del CNE.

Si el TSJ invalida también ese proceso (que sin duda lo hará), quizá llegue el momento en que las tres sendas aparentemente distintas se unan en un solo apretado nudo: el conflicto TSJ-AN, el bloqueo del CNE al RR16 y la protesta popular ante la crisis. Si llega a ocurrir esa confluencia, pienso que el botón detonante estará en manos de nuestro Poder Legislativo.

Mientras tanto, y por eso mismo, cuidemos la AN y evitemos pasos apresurados que puedan sacarla del tablero.

 @TUrgelles

Toma de Caracas: Ni Atajo Violento ni “Bailoterapia”

Thaelman Urgelles

A sólo horas de la GRAN TOMA DE CARACAS es nítida su potencialidad de acontecimiento histórico, capaz de dar un vuelco al implacable bloqueo que el régimen ha construido ante toda posibilidad de salida democrática, pacífica y electoral de la crisis por él mismo provocada y protagonizada. Es una cita de los venezolanos con nuestro destino y la respuesta popular ante la convocatoria de la MUD está siendo calurosa, valiente y promete ser masiva en todas las coordenadas del país.

Dicho esto, debo expresar la creciente inquietud que me producen las amenazas y peligros que veo flotar sobre la movilización del 1º de septiembre. Y a riesgo de contradecir los llamados unitarios que suelo reiterar en mis escritos, debo decir que tales amenazas no sólo provienen de las esperables maniobras de amedrentamiento, bloqueo y represión que adelanta el régimen, cuya fuerza y crueldad serán sin duda crecientes y acentuadas en los próximos días.

Percibo que sobre el éxito de la Toma de Caracas se cierne también un par de opuestas sombras que toman cuerpo en estos días, provenientes del propio campo opositor. De un lado quienes, luego de oponerse agresivamente al Referendo Revocatorio y a toda iniciativa de la MUD, hoy se mimetizan en la convocatoria con sus habituales agendas maximalistas, con el propósito de torcer la intención de la iniciativa y generar situaciones extremas que entreguen el protagonismo y el poder de decisión de la crisis a sus añorados factores militares. Y de otro lado quienes, en el propio espacio de la MUD y luego de naufragar la misión mediatizadora de Zapatero, lanzan llamados para esterilizar la Toma de Caracas y vaciarla de combatividad, para transformarla en una marcha más con la consabida tarima llena de figurantes, con el posterior envío de la gente “tranquila” para sus casas.

Las emotivas movilizaciones que ya han salido de la provincia venezolana, en especial el valiente y simbólico desplazamiento de nuestros compatriotas indígenas de Amazonas, no merecen ser conducidas a ninguno de esos proyectos privados. Es visible que las expectativas populares sobre la Toma de Caracas niegan ambos extremos: la gente no parece dispuesta a inmolarse en una confrontación sangrienta cuyo desenlace recaerá directamente en conciliábulos cívico-militares que muy pocos conocen, pero tampoco está dispuesta a protagonizar otro saludo a la bandera, otra “bailoterapia”, como suelen llamar nuestros radicales a las marchas sin propósito claro ni éxito visible. Nuestra dirección política, merecedora de mi mayor respeto, tiene en este momento el complejo desafío de transitar con determinación y acierto el estrecho desfiladero que le dejan estas dos pretensiones extremas.

La Toma de Caracas ha sido convocada con 3 objetivos claros y precisos: obtener fechas para recoger el 20% de las voluntades para el Referendo Revocatorio, para el acto de votación revocatoria durante 2016 y para las elecciones regionales. Y 44 organizaciones ciudadanas añadieron ayer la exigencia de que el régimen acepte la ayuda humanitaria para la población. Así que, mientras por lo menos las dos primeras exigencias de la MUD no sean cumplidas por el CNE, la movilización ciudadana enmarcada en la Toma de Caracas debe mantenerse viva y en pie; no bajo la recurrida modalidad de “Marcha sin Retorno”, hoy imposible dadas las dramáticas carencias materiales y logísticas que sufren nuestro pueblo y sus organizaciones de vanguardia, pero sí bajo la multiplicidad de variantes creativas y disgregadas que la dirección política y el pueblo son capaces de poner en práctica para hacerle la gobernabilidad imposible a un régimen contumaz y perverso en su ilegal soldadura con el poder.

Muchos saben que en el pasado objeté acciones de calle que condujeron a dolorosas y sangrientas derrotas para la causa opositora. Mas siempre que lo hice dejé claras las razones: su inoportunidad táctica y estratégica; su condición vanguardista, que excluía a sectores sociales decisivos en esta contienda; y su carencia de objetivos claros y precisos, capaces de convocar a una amplia mayoría de la población. Hoy  están presentes todas las circunstancias para que una vasta mayoría de los venezolanos participe con vigor en una prolongada movilización pacífica que exija la salida constitucional de un régimen liquidado políticamente, tanto en el país como en el escenario internacional.

¿Para cuándo lo vamos a dejar? Si no es ahora no será nunca. ¿O acaso somos cultores dogmáticos de un pacifismo ad eternum que jamás admitirá el combate enérgico y decidido de nuestro pueblo contra la injusticia entronizada? Quienes eso proclaman no se apoyen por favor en Gandhi, ni en Luther King, ni en Mandela ni en el cristianismo; todos ellos, comprendido Santo Tomás, supieron definir el momento de la acción determinada y el sacrificio en ella, sin por ello renunciar a la paz y la compasión que rigieron sus luchas.

La previa dictadura que sufrió Venezuela fue echada del poder por la acción heroica de los caraqueños, el 21 y 22 de enero de 1958. La leyenda urbana de que fueron los militares quienes motu proprio depusieron a Pérez Jiménez falsea el hecho de que la presión militar ocurrida la madrugada del día 23 para que el dictador y su entorno más cercano abandonaran el poder y el país, fue el resultado de los combates de calle que aún se estaban librando contra los cuerpos represivos en diversos espacios públicos de Caracas y algunas ciudades del interior. Hubo víctimas mortales en aquellos combates, algo que ningún demócrata desea que ocurra en la lucha política, pero esa fue la apuesta y el riesgo de una población que no soportó más vivir con miedo y sin libertad.

Nosotros no pretendemos deponer violentamente a este gobierno. Sólo estamos pidiendo que se nos dé fecha y lugar para proseguir en los plazos legales nuestro ejercicio de un derecho constitucional; y tenemos que hacerlo con la firmeza y el vigor que corresponden ante una pandilla que bloquea toda solución. En tal exigencia y tono pacífico deberemos mantenernos hasta conseguir los resultados esperados…

Por ahora.

@TUrgelles